sábado, 3 de octubre de 2009

y te vaaaaaaaaaaaaaaaas

y te vas...
aparte de ser el titulo de una canción tediosa de los soporiferos PECOS es una frase que te dedico a ti..... te digo que me has dolido y que no voy a silenciar lo que siento y que a pesar de todo lo único que espero es que sigas ahí ... cerca.
Yo también te quiero y lo seguiré haciendo pese a quien le pese; no te llevaré al diario de Patricia para decirte entre multitudes nada que no pueda decirte aqui, ante el atrio quizás vacio de miles de millones de ignorancias de presencia. Debo confesarte que en un momento dado me asusté y mucho al ver que me hallaba ante un precipicio de posibles multitudes... yo creía que empezaba a gatear en mi blog para unos cuantos.... la posible multitud me aterrorizaba y no me veía disponible a exhibirme... cada día la cosa parecía ir a más... contador de visitas, entrada en la la blogsfera UUUUUUUUUF qué miedo que daba la sola palabra!!!!...
Parecía que yo sola me tenía que enfrentar a cienmil demonios del ciberespacio... y todo eso me dio miedo, pavor, pánico... y me callé poqueeeee....
CLARO QUE ME CALLÉ, no quise parecer una cobarde ante tí... incluso tus compañeros de trabajo estaban ahí, parecías rodeado de cienmil personas que me ignoraban y a los que les podía incluso estorbar mi presencia poética que causaba incluso ARCADAS ... palabra dolorosa del año......
En resumen, yo me encontraba menos apadrinada y un poco escuálida pues había dejado de fumar y casi de hacer cualquier cosa humana....lo cierto es que en varias ocasiones me dieron ganas de huir, "sobretodo" en aquella en la que yo pensaba que hablaba con alguien que resultaba ser "alien"; aquella situación la superé ampliamente con unos cuantos TRANKIMAZINES y no alimenté más allá de los limites de lo razonable mi dosis de borderez.
Se acabó el curso escolar y parecióme que te daba un ataque contra tu entorno hostil, al parecer muy hostil, lo comprendí: a veces soporamos las hortereces más impensables sólo porque LO SIENTO MUCHO LA VIDA ES ASÏ NO LA HE INVENTADO YOOOOOOOO.
Yo tenía un momento vital difícil de ser descrito, pero ... me silencié .... me aparté y en mi autodefenestración viniste tú con un momento muy punk que no acabé de comprender...
NO ACABÉ DE COMPRENDER aquello de la caña RAjá... y pensé que debía quedarme al margen, pensé que quizás era cosa del calor y del momento y que .. esperara... sigo esperando y lo que me encuentro es un abandono.
Hace mucho tiempo que pensé que si me iba me escapaba de lo que pasaba... el tiempo me ha enseñado que cuando huyes.. te persigues a ti mismo....a ti misma... y que el supuesto siete por ciento de porcentaje de comunicación que tienen las palabras en internet no me satisface.
Mi querido amigo yo quiero seguirte queriendo y este juego literario tiene unas reglas no escritas que hieren aunque no importa ... y si que importa.
TE QUIERO y te hablo desde mi madurez y u puntito devhorterez bien entendida ... adoro la poesía y la decadencia....de momento lloro, un día sonreiré. Te espero en mi casa o en a tuya que son los mejores sitios en los que debemos vernos tu y yo.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Nos vamos


Este es un escrito de despedida. Léase como un testamento vital; una última voluntad donde se pide morir dignamente. Permitir una muerte por omisión de cuidados me parece una perversión muy recurrente en nuestras sociedades más modernas. Pero me niego a dejar morir nuestro blog como si nunca hubiese sido nada más que una pizca de vida que sólo se paseó por la red durante un rato. Las cosas que se escriben quedan eternamente vivas, y su muerte sólo se formaliza con un “Fin”, con un “The End”, o incluso con un legendario “Koniec”.

Este blog nació como un proyecto que me pareció apasionante y que me permitió dar rienda suelta a la forma como veo la vida. Y he aprendido cosas. Lo digo con énfasis; todo fue positivo. Pero se acabó. Las reglas del juego cambiaron y con ello la esencia de este proyecto. Lo mejor pues, lo menos moderno pero más coherente quizá, sea aplicarle una fuerte sobredosis de barbitúricos para que muera con la honra de los grandes mitos.

Pero mi aventura por la red no acaba aquí. Mis palabras en “Times New Roman” seguirán paseándose por la red aunque mantenga otros aires y otros objetivos. Les prometo a todos un nuevo blog en el que aplicaré todo lo que he aprendido en este. Sobre todo; que debo sacarle más partido al anonimato que te otorga este inmenso mundo de internet. No porque vaya a decir cosas indecibles, sino porque no quiero estar pendiente de avisos, de contadores, de comentarios, de “palomitas”, y de otras que pertenecen más al ámbito de la bobada. Simplemente quiero que mis palabra estén en la red, que quien se encuentre con ellas las lea, o no, y que si alguien quiere opinar pues que lo haga, o no.

Perdónenme pero no les voy a dar más datos. No por arrogancia; es que pienso que el objetivo de un blog no es “mira lo que escribe nuestro amiguito “X”, sino otros, y que quien me lea y me conozca, pues me reconocerá en seguida, aun sin seguir siendo esto último ni siquiera importante. Así todos somos más libres. Ustedes de leer si quieren o no, y yo de decir lo que me dé la gana sin pensar que me puede leer Manolita la churrera y ofenderla mucho. Porque esto del “No me importa si hiere” no deja de ser un objetivo más que teórico cuando más allá de tus palabras estás tú con tu vida.

Mis agradecimientos a mi “Alter ego” de quien aprendí todo esto de los blogs. Esto de los blogs y miles de otras cosas que me enriquecen como persona desde que teníamos 17 o 18 años. También como escritor: “Sobre todo” sólo se escribe junto cuando se trata de una prenda de vestir. Mis besos, mi amor por ti, y mis disculpas por no haber sabido empujarte mejor. Sabes que seguiré estando en “los canales habituales” y tradicionales para ti, siempre y en todo momento. Porque aunque este blog se muera, yo nunca me moriré para ti.

Mil besos a todos.

Bye.

jueves, 3 de septiembre de 2009

GENIALIDADES DE LA RED



De entre todos los videos bobos y tontos que recibo al cabo del día (incluyo aquí los patriotoides incluso), he rescatado este que ya vi hace mucho tiempo pero que hoy ha vuelto a entrar por mi correo. Me encanta el "vacaburrismo" de esta moza. Es pura gracia y desfachatez a la vez. Es mona ella, pero no tiene un cuerpo estereotípicamente bello, ni es guapa de vicio. Se cachondea con ella misma como artificio y rompe los límites de las tontas del bote que imitan a sus famosonas de turno.


Sencillamente; esta chica me parece genial. Digna de tomarse unas cervezas con ella. Seguro que me hace reir hasta de mi sombra.

sábado, 29 de agosto de 2009

IT'S UP TO YOU, CALIFORNIA, CALIFORNIA...



Ya he regresado. ¿Qué tal les fue en mi ausencia? ¿Me echaron de menos? ¿Me he perdido algo importante? No sé... ¿Una frase inteligente de alguien del PP, quizá?
Bueno, sea lo que sea lo que me haya perdido, después de revolotear por siete aviones, después del “paripeismo” de las aduanas americanas, después de que me hayan hecho quitar los zapatos siete veces pese al tufo que tras sendas caminatas desprendían mis pies, volví de California, y aquí estoy para contarles.

San Francisco es una ciudad divina. Una ciudad que sorprende, sobre todo por ese microclima que hace que en agosto uno tenga que usar ropa de la que llamamos “entretiempo”. Pero además, eso me parece muy divino; porque bastante calor pasa ya uno en esta estúpida ciudad como para privarse disfrutar de unos días de fresquito. Así que de ropa de “entretiempo”; cuanto menos, mejor.

Calles con pendientes del 45%, focas en el puerto (y no sólo marinas), un Alcatraz impresionante, Sausalito de ensueño, y ese Golden Gate que, pese a la niebla, seguía siendo Golden Gate. Conviene pero, llevar el inglés al día. Los san franciscanos son poco pacientes, tanto como de verborrea supersónica, y claro; te mandan a cagar a la vía en seguida.

Los Ángeles es otro cantar, su encanto como big town deja mucho que desear si la comparamos con la incomparable Nueva York. Pero tiene su qué. ¡¡Es enorme!! ¡¡Es interminable!! ¡¡Es una ciudad de dimensiones monstruosas!! ¡¡Incansable!! Es poco de pasear; moriría uno en el intento. Es de metro y autobuses, y de leer el “Quijote” entre estación y estación.

Merece la pena pasear por Hollywood pese a que no es lo que nos venden. Hollywood es una única calle con las famosas letritas allí en lontananza, y con tantos indigentes que se podría montar una tienda de ellos. Sin embargo, hay que pasearlo y ver las famosas estrellas del suelo.

Pero sobre todo, lo más recomendable es asomare al Pacífico. Sólo es agua salada, pero uno tiene la sensación de que está en las mismísimas aguas donde la tórrida Pamela Anderson se las pone al fresco. ¡Divinas playas! Divinas y enormes, como todo en Los Ángeles. Me pregunto si los angeleños lo tendrán todo igual de enorme... Ellas sí, la Anderson lo saca a uno de toda duda... ¿pero ellos?... bueno, en el fondo no me importa un pito como lo tengan... y nunca mejor dicho.

Y en pleno jet lag debido a esas nueva horas de diferencia, les cuento esto. Sigo enamorado de América. Es un país que pese a su memez aduanera me fascina. Es el país de las cosas grandes, de las facilidades, de la organización, del orden, de todo lo que a uno le suena a diferente. Quisiera conocerla más. Pero eso es tema de otros veranos.

Recuérdenme que les cuente el episodio de la maleta; no tiene desperdicio.

Y eso; a las envidiosas de siempre les comento: me lo pasé pipa.

lunes, 17 de agosto de 2009

CALIFORNIA DREAMING



Hay mucho de sensaciones extrañas que se entrecruzan cuando uno viaja. Hay un nerviosismo que te reconcome y que no sabes muy bien si es porque quieres que esto comience, o quieres que esto acabe para saborear tus recuerdos. Es como paladear un helado después de que te ha calado los dientes, te manchó la camisa, te chorreó por la muñeca, y te costó 10 €.

Hay un mucho de la inseguridad de todo ser humano que aflora cuando viajas a lugares lejanos. De pronto; no controlas nada de tu entorno. De pronto; te piden miles de datos, cientos de documentos, te hurgan tus más íntimas pertenencias, te miran con reproche por si eres un terrorista, paseas de sala en sala haciendo tiempo para tu embarque, te subes a un avión, y te empiezan a decir cosas raras sobre descompresiones en cabina. Te sientes un mosquito en mitad de la nada, volando en la panza de otro más gordo durante hora y horas.

Hay momentos muy “turista” en la vida del turista de “low cost”. Uno de los más, es cuando el sol se pone. No importa que tu organismo haya enloquecido por el “jet lag” y que a las 21:00 te apetezca un desayuno. Sabes que hay que cenar. Buscas un lugar. Que sea amplio, luminoso, con muchas fotos, muchas mesas y sillas, que se huela al gel de otros turistas en el ambiente, después de horas de patear la ciudad. Te fijas en los precios, desmenuzas tu inglés, e intentas averiguar qué demonios debe de ser “Fried chicken with honey baked beans”

Te vuelves majadero intentando decir lo que quieres, haces gestos como electrocutado, se te pone cara de apio intentando aclararte con esa maldita moneda, haces malabares para llegar a tu mesa con esas dichosas botellas interminablemente altas de coca cola...

Pero por fin te sientas, te relajas, miras a tu alrededor y le gritas a la cola que sigue peleándose con el “Fried chicken with honey baked beans”, con la incomprensible moneda, y la impaciente cajera con bigote: ¡¡¡¡¡¡YO-YA-LO-HE-CONSEGUIDOOOOO!!!!!!!

Mientras pimplas sigues observando. Por un lado oyes a una inevitable familia numerosa, de las de abuela y todo, que habla tu idioma y sólo por eso ya te caen bien. Por otro lado ves a una pareja de mirada agotada y tan expectante como tú. Más allá, están quizá aquellos dos que te encontraste en el Museo del Ajo y que te hicieron gracia porque se hicieron 700 fotos en 30 minutos. O quizá alguien te pregunte ¿Sois españoles? Para tú poder decirles: No, catalanes.

No hay nada más excitante que viajar. Vayas donde vayas... como el turista siempre va “vendido” que más da la distancia... Además; todo es nuevo y diferente. Hay que reconocer que viajar es bello aunque a veces te atormentan.

Les cuento a mi regreso.

Por cierto; no quisiera dármelas de mis viajes y cometer a la vez la injusticia de un olvido. Mis recuerdos y homenajes para las envidiosas de turno. Queridas mías: que os den por el culo con una caña rajada.

viernes, 24 de julio de 2009

PUTOS CELOS




Esta tarde he escrito algo grosero, algo desde la más íntima visceralidad, algo mal sonante, directo, casi con nombres y apellidos, llevado por la furia y casi por el odio. Pero aunque haya habido alguien a quien le haya dado tiempo de leerlo, me he dado cuenta de que no eran formas, y lo he descolgado al cabo de unas horas, cuando yo ya estaba más tranquilo.
En definitiva; se trataba de celos. Me describía a mí mismo como un gran imán bípedo que atraía hacia a mí gente celosa, envidiosa, gente que desprecia su vida, o parte de ella, y que sufre cuando alguien cuenta la vivencia que para él/ella quisiera. Lo malo es que lejos de tragárselo, suelen ponerse en evidencia soltando algún despropósito a fin de aminorar el valor, el real o el que uno tiene sobre algo, de quien le está contando una vivencia.
Y a mí eso me pone frenético. Es algo en las personas que desprecio. Tolero todo lo demás, pero eso, categóricamente no. No sé porqué. Quizá sea tan común la envidia tiñosa en este mundo que con mi intolerancia hacia ella, soy yo quien debería someterse a terapia urgente, no lo sé, pero mi sentido de la normalidad escapa a entender esa tiña.

Mira, me suda el níspero lo que a ti te parezca o te deje de parecer mis vacaciones de este próximo verano. Si sientes envidia te callas porque a mí, tu vida, me parece un sopor, y supliendo la educación que a ti te falta, me callo.

Que te parezca bien o mal que a mi longeva edad, estudie una carrera universitaria sin salidas profesionales abrumadoras, es un problema mío, y lo que tú opines, te lo tragas y lo cagas después, a ver si embozas tu inodoro de mierda pútrida. Y si mis resultados son brillantes, y a ti eso te fastidia, pues eso; te fastidias. Por cierto, no es porque la Universidad sea fácil, ni porque yo sea una lumbrera, sencillamente es porque me lo curro mientras tú te la pelas mirando con los prismáticos a tu vecina.

Que aprobar un examen teórico de conducción tiene mucho merito, y no menos que aprobar la práctica. Y si te fastidia que alguien con quien tú no contabas haya aprobado a la primera, no es porque sea muy fácil aprobar, es porque se lo ha currado mientras tú, bostezabas ante el televisor. Y algún día, por cierto, te demostraré lo que son los modales, y lo que es respetar la victoria de las personas, si es que no lo he hecho ya, que creo que por razones obvias, sí que llevo años haciéndolo.

Y así podría seguir páginas y páginas, pero mira; no pienso perder el tiempo. Sin decir nombres estos testimonios son ciertos, y que cada cual se sienta identificado si quiere, y sino, que siga envidiando, siendo infeliz, y un vago de órdago que prefiere blasfemar en lugar de arreglar su vida.

Recomiendo a la colla de tiñosas de este mundo, se sometan a terapia para corregir su infelicidad, o bien, antes de hablar, se metan una granada de mano en la boca, a ver si el pedazo más grande que queda de sus dientes es mayor que el huevo de un piojo.

Si, me quedó fuerte, pero les aseguro que una décima parte de lo que era antes.

viernes, 3 de julio de 2009

Una historia contada por dos.



Siempre hay diversas maneras de contar una historia. Permítanme que les cuente una historia que sucede en cinco minutos pero vista desde dos autores diferentes. No les digo más.

Solo fueron cinco minutos. (CARA A)
Él, vagaba por la ciudad que se desperezaba tras una noche más. Mirando escaparates de tiendas aun cerradas en las que no tenia ninguna intención de comprar. Haciendo tiempo a que terminasen de repararle el coche.
Ella, ponía panes, bollos y otras pastas en las estanterías y mostradores, preparando la tienda para un nuevo día de trabajo. Un día más de tantos.
Él, pasaba por una calle estrecha, de esas de las que de haber un olor enseguida se extiende inundándola y haciendo identificable su punto de partida y así fue. El olor del pan y las pastas recién hechas hicieron que dejase de andar como si tuviese un piloto automático puesto, y le llevo hasta una panadería que acababa de abrir sus puerta. Por un segundo, su nariz se llenó del aroma a cruasanes, y viejos y no tan viejos recuerdos despertaron en su mente. De pronto, le apetecía comer uno, o por lo menos de comprarlo para otro momento. Entró en aquella pequeña panadería que parecía estar vacía, pero por el leve movimiento de la cabeza de una mujer que asomaba por encima del mostrador vio que no lo estaba.
Ella, giró la cabeza para mirar al primero de una larga lista de clientes, todos ellos conocidos a excepción de este. Se levantó de su taburete en el que había estado leyendo uno de los periódicos gratuitos que cada mañana recolectaba en su camino de casa al trabajo. En un primer momento aquel hombre era uno de tantos.
-Hola, buenos días. ¿Tiene cruasanes? -preguntó él.
-Sí, aquí delante los tiene ¿Cuantos quiere?
Él miró los cruasán y luego a ella. Ella le miraba a los ojos con una amable y apenas dibujada sonrisa. Sus miradas se habían cruzados y él advirtió que su amabilidad era sincera.
-Dos, por favor.
-¿Alguno en especial?
-Si aquellos dos con los cuernecillos torraditos de la derecha.
Ella, diligentemente cogió las pinzas, con movimientos fluidos y delicados los cogió, y los puso sobre un papel en el mármol del mostrador. A él le gusto la manera en que ella cogía los cruasanes, con la delicadeza que los colocó y el esmero con el que puso uno sobre otro, separados por un trocito de papel encerado.
Sus miradas se volvieron a cruzar, los dos esbozaron unas sonrisas corteses y ella sin saber porque le pareció aquel hombre diferente. No había nada que lo exceptuase de los demás. ¿Su voz? ¿Su mirada?¿Su sonrisa? No lo sabía pero a ella le pareció diferente. Miró sus manos, no había anillo alguno.
-¿Cuanto le debo? -le preguntó cuando ella terminó de envolver los cruasanes. Ya tenía la cartera en la mano y ella ni siquiera se apercibió de ese movimiento.
-Uno setenta.
Sacó una moneda de dos euros y la mantuvo en el aire a la espera a que ella la recogiese.
A ella, eso le gustó, no era como el resto de clientes que ponían las monedas sobre el mármol y se las acercaban con un empujoncito. Puso su mano bajo la de él, y él deposito suavemente la moneada.
Se volvieron a cruzar las miradas, se volvieron a esbozar las sonrisas. Y sin saber aun porque, a ella le pareció diferente aquel hombre, especial. Como un fogonazo se cruzo por su pensamiento la idea de si él no podría ser la vencida, de tantas otras fallidas. De si de haberse cruzado en una situación más propicia no habría sido el deseo tantas veces anhelado. Cogió una moneda de diez céntimos y otra de veinte y se las entregó tal y como él le había entregado la suya. Por un momento deseó sentir el tacto de su piel y mientras depositaba las monedas sobre la palma de la mano, sus dedos lo rozaron fugazmente, tan fugaz, que él difícilmente podría asegurar si el contacto había llegado a existir realmente. En cambio, para ella fue unas décimas de segundo de sentir la calidez de su mano.
Sus miradas se volvieron a cruzar, las sonrisas a esbozar. A ella le pareció advertir una pregunta, una duda en sus ojos, en su mirada amable; y se preguntó si por la cabeza de él habrían cruzado los mismos pensamientos que por la de ella.
-Gracias -dijo él.
-A usted -le respondió.
-Que tenga un buen día.
-Y usted también.
Él recogió los cruasanes al tiempo que ella empezaba a elevarlos para hacerlos llegar a sus manos. Se giró en dirección a la puerta y cuando estaba a punto de abrirla, escuchó.
-¿Es usted de aquí? -dijo ella en un ultimo intento de averiguar si volvería a verlo.
Él giró la cabeza y la parte superior del cuerpo. La vio allí, detrás del mostrador, con las manos sobre el mármol.
-No, solo estoy de paso.
-No. Es que me parecía haberlo visto en alguna otra ocasión -contesto para disculpar su primera pregunta. Al tiempo que una ligera punzada de decepción se le clavó.
-Solo de paso. Que tenga un buen día -repitió con semblante amable.
-Igualmente.
Él salió de la panadería. El sonido de la llegada de un sms salió de su móvil, lo miró y vio que su coche ya estaba reparado. Fue calle abajo, y durante unos minutos pensó en la mujer con la que había hablado, en su semblante amable, su dulce mirada, y sin saber porque siguió pensando en ella a ratos a lo largo del día.
Ella volvió a su taburete, recogió el periódico y esperó a que el día se animase. A lo largo del día, entre cliente y cliente volvió a pensar en el primero. Durante varios días, miró la puerta con la esperanza de volver a verlo. Con el pasó del tiempo siempre se preguntó si de haber sido en otra situación habría sido la vencida.


Solo fueron cinco minutos.(CARA B)
Vagaba por la ciudad que despertaba tras la noche de difuntos. Miraba escaparates de tiendas incendiadas en las que buscaba algún resto aprovechable que llevarse. Hacía tiempo mientras terminaban de repararle el coche.
Ella, succionaba un cigarro con avaricia mientras reponía bollos, y otras pastas, en la estantería y mostradores, preparando un nuevo día de abúlico trabajo. Un puto día, como otro de tantos.
Él, paseaba por una calle estrecha, una de esas en las que si tienes michelines debes de untártelos con mantequilla para poder pasar por ella. El olor a pan, a pastas recién hechas, y a tabaco americano que en época de escasez se cotizaba como perfume francés, dirigieron su olfato y con él sus pasos hasta una panadería que acababa de abrir sus puertas.
Por un segundo, su gran nariz acebollada se llenó del aroma de cruasanes y de viejos recuerdos que despertaron en su mente. Rodolfo, aquel chapero de 30 cm que rescató del Raval, volvió a su mente, y con esto, el recuerdo de la amargura de haberse visto abandonado por un pintor francés que adoraba los cruasanes con mostaza de Dijon. De pronto, sintió ganas de llorar. Entró en aquella pequeña panadería que parecía estar vacía, y arrancó a llorar sobre el mostrador mientras estrujaba magdalenas. Pero el leve movimiento de la cabeza de una mujer que asomaba por encima del mostrador le advirtió de que no estaba solo.
Ella, giró la cabeza para mirar al primero de una larga lista de clientes, siempre conocidos a excepción de éste. Se levantó perezosa de su taburete en el que había estado leyendo una revista pornográfica de importación de enorme éxito entre las mujeres casadas de la ciudad; Mandingo’s. En un primer momento aquel hombre era uno de tantos. Pero sólo unos segundos bastaron para reconocer que era el pocamierda que lucía con esmero a Rodolfo de su brazo, Rambla arriba-Rambla abajo, durante sus paseos dominicales.
-Hola, buenos días. ¿Tiene cruasanes? -preguntó él intentando disimular las destrozadas magdalenas cubriéndolas con su chaqueta de lana azul marino.
- ¡Pues claro! Aquí delante los tiene. ¿Es usted bobo? ¿Cuantos quiere?
Él miró los cruasanes y luego la miró a ella, apreciando que la panadera tenía cara de cruasán. Ella le miraba a los ojos con el pitillo entre los labios y perdida en la impaciencia.
-Dos, por favor.
-¿Alguno en especial?
-Si aquellos dos con los cuernecillos torraditos de la derecha.
-“Los cuernecillos torraditos”- repitió ella en voz baja en torno de burla
Ella, diligentemente cogió las pinzas, aspiró los mocos, y con el pitillo entre los labios tomó dos cruasanes, que al vuelo le cayeron sobre la comida de su gato persa. Entre maldiciones, soltó las pinzas y recogiéndolos del suelo a zarpazos, los puso sobre un papel en el mármol del mostrador. A él le gusto la manera en que ella cogía los cruasanes, con la delicadeza con la que esquivó las fauces de su gato, y el esmero con el que puso uno sobre otro, separados por un trocito de papel higiénico.
Sus miradas se volvieron a cruzar, él esbozó una sonrisa cortés y ella sin saber porqué le pareció que aquel hombre era un cretino más, abandonado por un chapero marroquí de quien se había colado hasta el tuétano. No había nada que lo exceptuase de los demás. ¿Su voz? ¿Su mirada? ¿Su sonrisa? No lo sabía pero a ella le pareció un imbécil en toda regla. Miró sus manos, no había anillo alguno, pero si un puñado de pulseras de colores del arco iris que desde la muñeca se elevaban hasta el codo.
-¿Cuanto le debo? -le preguntó cuando ella terminó de envolver los cruasanes. Ya tenía la cartera en la mano y ella ni siquiera percibió ese movimiento. Debía ser, pensó, por lo muy acostumbrado que debía de estar a hurtar carteras en el metro.
-Veinte euros- tal vez no costaran ni uno solo, pero tenía como tradición estafar sin miramientos al primer cliente de la mañana para comprarse pipas con el botín.
Sacó un billete de veinte euros y lo mantuvo en el aire a la espera a que ella la recogiese.
A ella, eso le gustó, no era como el resto de clientes que masticaban los billetes y una vez convertidos en un amasijo de papel y babas lo escupía para que ella lo cogiera al vuelo. Puso su mano bajo la de él, y él deposito suavemente la moneada en la palma de aquellas manos de campesina.
Se volvieron a cruzar las miradas, él esbozó una sonrisa. Ella escupió el filtro del cigarro sobre un bizcocho relleno de peras. Sin saber aun porqué, a ella le pareció diferente aquel hombre, tan imbécil que en un concurso de imbéciles se llevaría los tres primeros premios él solo. Cruzó por su pensamiento la idea de si él no podría tocarle el culo, a ver si sentía cosas diferentes que le hicieran olvidar a Rodolfo. De si de haberse cruzado en una situación más propicia no habría sido el deseo tantas veces anhelado. Cogió una moneda de diez céntimos y otra de veinte y se las entregó tal y como él le había entregado el billete.
- ¡Toma reina! - le dijo ella con desprecio- que te pilles el metro y te pires.
Por un momento deseó sentir el tacto de su piel y mientras ella le depositaba las monedas sobre la palma de la mano, sus dedos lo rozaron fugazmente, tan fugaz, que la descarga electrostática fue brutal. Ella, cayó despatarrada en el suelo ofreciendo ante él una visión jamás anhelada, y tuvo por seguro que no habría nada en el mundo que le hiciera olvidar a Rodolfo.
Sus miradas se volvieron a cruzar. A ella le pareció que no llegaría nunca el momento de que aquel sorbe-mocos se largara por donde había entrado.
-Gracias -dijo él.
-¡Te pires ya o llamo a la pasma! -le respondió.
-Que tenga un buen día.
-¡…a cagar a la vía, hombre!
El recogió los cruasanes al tiempo que ella empezaba a sacarse una chiruca para tirársela, pero él ya se giraba sobre sus pies para ponerlos en polvorosa. Cuando estaba a punto de salir, escuchó.
-¡Y no vuelva nunca más por aquí! -dijo ella en un ultimo intento de averiguar si volvería a verlo.
El giró la cabeza y la parte superior del cuerpo. La vio allí, detrás del mostrador, con las manos sobre las caderas
-Sólo estoy de paso.
-¡Pues mira qué bien! ¡Te pires! – vociferaba la panadera al tiempo que una ligera nube de harina se esparcía por el ambiente.
-Que tenga un buen día -repitió con semblante amable.
-¡A la mierda!
Él salió de la panadería. El sonido de la llegada de un sms salió de su móvil, lo miró y vio que era la panadera: “¡Imbécil!” –le decía.
Su coche ya estaba reparado. Fue calle abajo, y durante unos minutos pensó en la mujer con la que había hablado, en su semblante de rinoceronte, en su mirada esquizoide, y sin saber porque siguió pensando en ella a ratos a lo largo del día, solamente interrumpidos por sendas arcadas al recordar su fétido aliento a pene.
Ella volvió a su taburete, recogió su “Mandingo’s” y esperó a que el día se animase. A lo largo del día, entre cliente y cliente volvió a pensar en el primero. Durante varios días, miró la puerta con el temor a que apareciera. Con el pasó del tiempo, acudió a un terapeuta para que la ayudara a olvidarlo. Semanas más tarde, la panadera se ahorcó con sus medias, y él se llama ahora Mari Puri.