viernes, 2 de julio de 2010

La Cospe




En el día de ayer, Mª Dolores de Cospedal se sirvió llamar al President Montilla “fascista”. Ella, nada menos, una militante del PP de Castilla-La Mancha. Lo bueno del caso es que tras la tormenta política desatada con su insulto, pidió disculpas según esa curiosa fórmula que utilizan en el PP, mediante la cual, por arte de birlibirloque, ha expiado su culpa a la par que reafirmado sus trece.

Según la Cospedal, la actitud de Montilla frente a la sentencia del TC “es fascista o marxista, pero en el peor de los sentidos, en el dictatorial…”. Sra. Cospedal, por sí misma su explicación carece de sentido. Lo fascista y lo marxista no son puntos de una misma línea. El fascismo no se contrapone al marxismo como el blanco se contrapone al negro, lo dulce a lo salado, la belleza a la fealdad. El marxismo fue en su momento una forma de entender la historia, la economía, la sociedad y el mundo. Sin embargo, el fascismo define por sí mismo los grandes regímenes totalitaristas que marcaron la historia europea del siglo XX.

No por eso voy a acusarle de ignorante. Para nada. ¿Quién soy yo para eso? Pero pienso que está usted tan poco convencida de que Montilla no sea un “fascista”, que ni siquiera currarse un poco una salida digna a su cagada, le apetece. Sin embargo, tenga usted por seguro Sra. Cospedal, que “fascista” se lo llama usted a Montilla porque éste es un “blando” de armas tomar, que ha permitido impasible que desde las filas de su tristísimo Partido se vomite sobre Catalunya y los catalanes, mientras les ha salido de la pituitaria. Pero sin dudarlo ni un momento, le puedo asegurar que ni el más pintado de ustedes llama al President Pujol “fascista”, y se va luego “de rositas”. ¿Está de acuerdo conmigo verdad?

Sin embargo, la lamentable respuesta de Montilla a su exabrupto ha sido algo así como: “Pues si yo soy fascista, tú lo eres más, ale, ale…”
No ha sido así con el caso de la Consellera Marina Geli, cuya historia no reproduzco por respeto básicamente a mí mismo, a quien le causa mucho estupor escuchar que al mando de la Generalitat de Catalunya se encuentran un “fascista” y una “guarra”. Sin embargo, creo que este último particular se dirimirá ante un juez, que es donde se combate a las verduleras.

Como entenderá pues, después de la ausencia de respeto demostrado hacia nuestras instituciones, no pueden llamar fascista al Sr. Montilla por marginarlos en Catalunya, porque para eso ustedes ya se pintan solos.

Pero es que además no entiendo tanto cinismo. ¿De verdad le trae al pairo que en Catalunya no se les soporte? No hombre no, esa es su mejor baza política fuera de Catalunya. Ustedes saben que aquí nunca se van a comer ni media arandela de cobre. Lo saben porque se lo han ganado a pulso desde el momento en que han hecho su bandera del menosprecio hacia Catalunya. Además con esta estrategia chapucera han conseguido fidelizar a un electorado reaccionario que también ha acabado por odiarnos… Claro que tal estrategia también recibe un nombre que por una cuestión de modales no pienso utilizar aquí. ¿De qué diablos se queja usted, pues, si lo sabe?

En fin Sra. Cospedal, quisiera acabar esta carta mandándola a usted adonde se merece, pero creo que es mejor invertir mi energía en desearle que pase un buen verano. Rodéese de buenos libros de historia, mejor de tendencia marxista si me permite aconsejarla. También de gente que la haga reír y sentirse feliz. Pero sobre todo, dedíquenos unos momentos a los catalanes; lea sobre Catalunya, sobre su historia, sobre su lengua (como hizo el Sr. Aznar), sobre nuestras cosas… es interesante observar antes aquello que insultamos.

lunes, 28 de junio de 2010

PER CATALUNYA!




Hace unos minutos he leído en un periódico digital que el TC ha dictado su sentencia sobre el Estatut de Catalunya. Miren, a mí que una horda de yayotas carrinclonas se atreva a opinar siquiera, sobre un tema que le viene tan largo como para tardar cuatro años en pronunciarse, me la trae bastante al pairo, y espero que a nuestras instituciones también.

Sin embargo, a pesar de la óptima noticia de que estas yayas caducas hayan avalado el 95 % del texto, ese 5 % restante me ha hecho temer lo peor. Como una ola me he lanzado a buscar qué decían éstas sobre la inmersión lingüística… pfiuuu!! Parece que ahí no se han metido. Este es un tema que me obsesionaba un poco, debo admitir. Que el catalán no empezara en las escuelas me parecería su sentencia definitiva, y sin lengua se desertiza nuestra cultura. Así que miren, me doy con un canto en los dientes si esto realmente se queda así.

En todo caso, ese 5 %, que no conozco al detalle porque la prensa se guarda el dato a cambio de lo rimbombante y del titular, me parece que hay que lucharlo. Aunque el contenido fuera una bobada, que no lo sé. Lo leeré con detenimiento luego.
Y hay que lucharlo porque, aunque contuviera innumerables sandeces, son sandeces que se aprobaron democráticamente por nuestro Parlament, y que se refrendaron en las urnas por los catalanes, mal les reviente el bazo a los que se justifican en la baja participación electoral, endémica por otro lado de este país que sólo luce españolidad cuando le interesa (léase por ejemplo las banderas españolas que lucen en los balcones cuando “la furia roja” marca un gol. Fuera de esto, la españolidad no se aguanta ni con pegamento Imedio).

Espero que nuestras instituciones, nuestro President y compañía, aúnen fuerzas y de eso salga algo más que una pataleta. Espero una fabulosa manifestación, pero sobre todo; que se pasen por el arco del triunfo lo que en España dicen que debemos ser, hacer y sentir. Pienso que ahora es el momento; es el momento de demostrarse abiertamente enfadados con España. Esa que nos insulta. Y es el momento de acorralar a la basura que desde dentro nos hace daño. La purria que en lugar de largarse de una tierra que odia, la cubre de su rabia y de su mierdez. Y no hablo de los recién llegados, hablo de una inmigración más antigua, trasnochada, caduca, estéril, fofa… esa que no se larrrrrga
ni echándole agua hirviendo.

Eso es lo que voy a hacer yo ahora. Hacer de mi españolidad una fobia, y les invito a todos los catalanes a que lo sientan igual.

Perquè Catalunya, els agradi o no, és una nació.

jueves, 13 de mayo de 2010

LEER: ¿ES REALMENTE BUENO?

Les contaré lo que me acaeció recientemente y con motivo de la celebración de la Diada de Sant Jordi para que hagan de ello parte de su propia experiencia vital y saquen las enseñanzas o conclusiones pertinentes o impertinentes, como desearen.

Yo que actualmente soy profesora sustituta-interina practiqué el Dia de Sant Jordi el sano pluriempleo y combiné mi prosti ... ¡ups! sutipución en un Instituto de Enseñanza Secundaria con el interesante trabajo eventual de vender libros en una gran librería en la que antaño trabajé de continuo en la sección de ESOTERISMO.

Esta colaboración puntual de una semana me reactivó las neuronas de persona normal que sale de un aula y se lanza a la calle para vender libros que posiblemente nadie leerá. Para mi suerte, me tocó estar dentro de la tienda y no en la parada de la calle a merced de las inclemencias del tiempo y de los conocidos que te miran con cierto aire de: "Mira la fracasada esa, excéntrica y extraña …. ¿ estudiar una carrera? ¿para qué le habrá servido si está aquí?".
Lo cierto es que me pasé todo el día viendo orgullosas caras de personas que habían encontrado lo que andaban buscando: cumplir esa tradición, a pesar de lo complicado de sortear obstáculos que a modo de seres vivos lo inundaban todo. Mis jefes satisfechos “masomenos” con el balance de ventas, mis compañeros satisfechos “menosquemás” con haber resistido el chaparrón de preguntas penosas y constantes apretujones en pos de la “cultura”.

¡Balance final del día!: Vendí un montón de libros de esos que, incluso el propio libro sabe que nadie va a leerlo. Son libros que irán a parar a una hermosa estantería-cementerio. No es el día de la cultura, es cuestión de tradición y negocio.

A modo de colofón del aciago día, soltaré una anécdota para que el respetable haga con ella lo que desee:
Llegó a la tienda Ana, ex -clienta mía que lee bastante (cosas muy “raras” =esoterismo en su inmensa mayoría) y me dijo ¿SIGUES AQUÏ? yo le dije: NO, no sigo. He venido sólo unos días de refuerzo por lo de Sant Jordi !!! y ella contestó... Si estás aquí, pues sigues -dijo ella un poco airada, como siempre sin duda sorprendida por un comentario inesperado en su pequeño mundo de conclusiones interestelares-(tosí, carraspeé, no me peí, pero lo deseé y finalmente le dije: SEGUIR IMPLICA CONTINUIDAD Y VENIR A COLABORAR ES UN HECHO PUNTUAL). Me miró un poco atónita, como siempre, y parapetada tras su estupidez habitual se marchó a leer a casa sus paquetes de Colhogar.

Luego dicen que leer es bueno, no lo será si lees cualquier cosa, o si lees en una lengua que no conoces, o si lees por decir que lo haces (alguien una vez dijo que era bueno, no me acuerdo si lo era para la piel o para el tránsito intestinal), tampoco lo será si no entiendes lo que lees, si no te aporta nada esa lectura, si no te ríes o lloras con ella. Si no te hace enfadarte, sentir asco y repugnancia, ganarle tiempo al tiempo o llevarte bien lejos de ti misma.
Bueno leer es sin duda mejor que matar, lo dejaremos ahí, pero quizás había que desmitificar eso de que leer "cualquiercosa" ya es algo.

viernes, 30 de abril de 2010

SANT JORDI



Pues al hilo de mi último post, quisiera comentarles que el pasado viernes, día 23 de abril él, me lancé a las calles de Barcelona para “vivir la fiesta”. Por algunas razones , esta es para mí “la fiesta”; es mi motivo para acercarme a Canaletes, y no otro. Por cierto, aprovecho aquí para comentarles que no hace mucho un imbecil me llamó “friky” por pasar de “nuestro” Barça como si este fuera el virus de la gripe. Me llegó incluso a acusar de “poca catalanidad” por el hecho de ignorar siquiera el nombre de su entrenador. En fin, lamentablemente lo peor es que se lo estaba creyendo.

Pero vaya, voy a lo que importa y no pierdo más pulsaciones en hablar de fútbol. Como les decía, me acerqué a las Ramblas, me dejé acosar por las “rosistas”, asomé la nariz por aquellos stands donde había la clásica escritora mediática que sólo escribe un libro para estas fechas, y que, en un arrebato de humildad, se trata de un glosario de sus mejores ocurrencias en TV. Sufrí apretones, no de intestino pero si de otra gente, y gocé de un día de tradición, de una celebración propia de mi cultura, de una jornada colectiva para venerar en la calle la llegada de la primavera, en fin, mil cosas y no esas otras tan aburridas que sólo generan la gente aburrida.

Lo que pasa es que somos una sociedad con mucha tendencia al menosprecio. El menosprecio de terceros, es cierto, a eso ya nos tienen acostumbrados, pero también al autodesprecio. Creo que los catalanes adolecemos de un exceso de pasividad y de una gran carencia de autoestima. Sobre todo porque, en gran medida, convivimos con el enemigo en casa. Digo esto porque cada vez es más fácil escuchar que en el fondo, han sido las editoriales quienes nos la han colado, montándonos unos festejos (como si estos se hubieran inventado ayer) para vender libros como locas. Esto es peligroso, puesto que del mismo modo que muchos han asimilado la mentecatez de que el 11 de septiembre, otra fecha de cabecera digna de ataque, celebramos una derrota, estamos empezando a asimilar que el 23 de abril es la jornada del librero.

Y probablemente así parezca. Somos tan burros que si no nos montaran un día para comprar libros con descuento, no leeríamos más allá del “Colhogar 12 rollos de doble capa”. Pero otra cosa es que nos resignemos a tragar con un proceso hostigador que minusvalora nuestras tradiciones. Por suerte, pese a todo, seguimos llenando las calles el día de Sant Jordi, compramos la rosa, el libro, y buscamos el autógrafo de nuestro escritor favorito.

Escaso favor le hacen a la cultura, y mucho abonan aquellos otros terrenos cenagosos, las cuatro escritoras mediáticas de siempre que poco aportan al intelecto humano, y sí unos buenos rendimientos editoriales. Reciban ellas todos mis reproches y abucheos por oportunistas. Aunque... leamos eso por lo menos ¿no?

Hay más:

Esta fiesta del libro, que lo es según resolución de la UNESCO desde el año 1995, no lo es sólo para Catalunya; lo es para todo el mundo. Lo digo para las que piensan que si también lo hacen en Liubliana (1) , pongo por caso, la cosa se les antoja más “in”.

Y lo es también ¡de los derechos de autor! (Parecía raro que no aparecieran por aquí estas víboras). Resulta que tras una noche de copas, UNESCO se propuso incitarnos a hacer cultura, aprovechando una fecha que podía asociarse a los decesos de ilustres de la literatura como Shakespeare o Cervantes. Seguramente “el día del libro” podía haber sido ubicado en cualquier otra fecha, quizá el 14 de Julio para que coincidiera con la Toma de la Bastilla, o el 18 del mismo, ya saben porqué… Pero no, se eligió el 23 de abril. Además, lo dice la resolución de marras, compruébenlo ustedes mismos si quieren; tomando como ejemplo a Catalunya. Las de siempre que vieron ahí un flanco por explorar y succionar con gula, se añadieron a la proclama.

¡¡Cómo no va a parecer puro mercantilismo nuestra grandísima fiesta si estas vividoras están ahí metidas!!

De todos modos, a mí no me fastidian mi festividad de Sant Jordi. Es más, desde que tengo un 23 de abril cerca, “ya no utilizo otro”. Ni 14 de febrero, San Valentín en el Corte Inglés, ni 7 de julio, San Fermín. A mí; mis rosas, mis libros, mis Ramblas, mis apretujones, mi 10 % de descuento, mi “joder la vaca-burra qué pisotón me ha dado”, mi pan de nueces, queso y sobrasada …


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1) La ciudad de Liubliana fue elegida el 18 de junio como Capital Mundial del Libro para el año 2010 tras la reunión, en París, de un comité de selección compuesto por representantes de las tres principales asociaciones internacionales del sector del libro y la edición.

martes, 13 de abril de 2010

Los Ministerios privados del dinero



Por: Pale Rider

Estamos acostumbrados a soportar sus rígidos horarios de señoritos, y no lo digo por quienes están en la ventanilla. De 9 a 9.30 te cobran los recibos, fuera de ese horario, sírvase usted mismo, al cajero. De 9.30 a 10.30 si tienen servicio de telentrada puedes ir a comprarla o recogerla. Los martes y los jueves para tal cosa, los lunes, miércoles y viernes para tal otra. Los sábados, ¡aaah, no! Los sábados no se trabaja, o por lo menos no se abren las puertas al publico, así que si necesitas hacer alguna gestión tienes que pedirte unas horas libres en el trabajo (sí, horas) en las que lo mejor es llevarse un libro, una revista, un periódico o incluso una consola de video juegos, porque ya que vamos a perder el tiempo, por lo menos hagámoslo entretenidos. En la ventanilla, ahora mostradorcillo, un par de empleados se afanan por hacer disminuir la cola que se les va generando, mientras diecisiete más están en sus quehaceres y de vez en cuando rebotando a la cola a algún espabiladillo que intenta agilizar sus trámites.

Tan claro tienen que nuestro dinero va a ir a parar a sus manos que ni se molestan en dar un buen servicio “¿para qué? Ya vendrás” es su lema. Vendrá tu nomina, tus recibos, tus cargos de tus tarjetas de crédito, tus devoluciones o pagos a Hacienda, y ellos no habrán tenido que mover ni un dedo, tan sólo cobrarte comisiones, por el correo, por la tarjeta, por la cartilla, por el uso del cajero automático fuera de sus oficinas. Y encima se vanaglorian de sus beneficios, y como a un experto escuché decir por la radio “¿cómo va atener problemas nuestra banca si su máximo negocio es estrujar al cliente?” a ese abducido que si huye va a caer en otras garras similares, a ese rehén del sistema. Para colmo, algún ejecutivo iluminado, de esos que van buscando el ahorro de costes tuvo la idea de vendernos la idea de hacer las operaciones por el invento de Internet; que se hagan sus operaciones ellos solitos: Metan, saquen dinero de aquí para allá, es mano de obra gratis, en sueldo, en impuestos, cotizaciones a la seguridad social, ellos solitos se lo hacen todo, ¡y encima nos pagan! Alguien puede reflexionar y decir “joe, es que somos tan tontos que se lo damos todo mascado”. Yo creo que no es así, es una parte más de su maquiavélica maquinaria. Te dan mal servicio, te hacen perder tiempo, te abruman con números, con cláusulas y de pronto encuentras una puerta a todo eso, desde tu casa, te conviertes en un Juan Palomo, esto aquí, aquello allá, y a ver como tengo esto, sin darte cuenta de que te has convertido en un trabajador más que solo cuenta como cliente. Y como cliente tienen que venderle sus productos, para eso tienen el correo convencional, el electrónico y el inmoral spam telefónico que se mete en tu casa, en tu coche, en tu bolsillo llamando a la hora que le place y donde les plazca.

Eso sí, los comercios que habrán todos los días y a todas las horas, que las fabricas funcionen a tres turnos o cuatro, que toda esa maquinaria industrial y comercial que hace mover la economía y de la que en buena parte son propietarios trabaje a todo trapo y si puede ser a ver si volvemos a los tiempos de la revolución industrial, porque claro, si esto no funciona, deslocalizo, que otros muchos otros países están en el espacio tiempo del siglo XXI, pero en el de la practica productiva de principios del siglo XX.

A todo esto ¿sus trabajadores se han planteado su futuro? En las industrias los robots y los automatismos han reducido los costes de personal, todo bajo la hipócrita justificación de eliminar los puestos más penosos, insalubres y lo caro que sale un operario (claro que esto último no lo dicen abiertamente). Los trabajadores tendrían que plantearse que su sustitución puede ser mucho más sencilla y barata. Solo se necesita un ordenador con el que nosotros, los clientes les estamos sustituyendo.

Por cierto, voy al cajero automático a actualizar la libreta y ver si me han ingresado la nomina.

miércoles, 7 de abril de 2010

Machitos y féminas domesticas


Esta mañana, al volver de la tienda de ultra-congelados, es decir; más allá de los congelados, he visto unas niñas de unos 10 o 12 años, sentadas en un banco de una calle peatonal.
La chiquillas lucían sus atavíos clásicos de niña de 10, aunque más cerca de los 12, consistentes, entre otros, en el habitual bolsito de charol con dibujitos de la Barbie, o debía ser alguna de estas petardas que no paran de pasar por quirófanos de estética. Es decir; el cachivache de una mujer adulta, mezclado con la liturgia infantil que arrastra, allá donde tú vayas, a tus heroínas de la TV.
Pero lo que me ha llamado la atención es que en ese momento llegaba una señora con su bebé en brazos. Debía de ser una conocida de las niñas, o quizás una de las niñas era la amante del marido de la señora del bebé y quería disimular, no lo sé, en este mundo me lo puedo llegar a creer todo.
La cuestión es que las niñitas de 12 años han padecido como unos espasmos de transformación, se han levantado, y han abordado a la señora del bebé.
Una se lanzaba el pelo hacia atrás mientras le preguntaba a la señora sobre el estado de salud del bebé, que si comía bien, que si dormía bien, que si se pedía bien...
La otra se ceñía la blusa de vivos colores, pero con motivos infantiles, alisándose la tela por los costados mientras echaba su melena, con bolitas de colores, hacia atrás, mientras acariciaba el rostrito del bebé.
Y la otra, hablaba a la señora sobre la infancia de su hermanita, presumiblemente menor, y sobre sus fechorías infantiles, sobre su resistencia a la comida, sobre las noches de insomnio, sobre "y tú que le das"... mientras también, obviamente, se acariciaba, no otra cosa que su larga y lacia melena.
Sin duda, este comportamiento tan prematerno, o incluso maternísimo, me ha parecido muy significativo, por mucho que reconocerlo, les molestaría a estas niñas cuando tengan 30 años. Y sin duda que este comportamiento indica la presencia de una madre detrás. Que sea una madre que enseña, o unas niñas que imitan, creo que es indiferente; pero que se trata de un comportamiento cultural que se transmite de madres a hijas, me parece obvio. No creo que nadie piense que detrás de las niñas del bolsito de la Barbie hay un padre maternalista.
Cuando mi hermano era niño, como yo, su padre, que también es el mío, le transmitió la pasión futbolera, además, como siempre sucede, por el equipo favorito de papá. ¡Claro, no le iba a inculcar la pasión por el rival! Y mi hermano, pues lo asimiló. Esto fue así. Y mi hermano, ya se encargará de transmitir sus roles culturales a cada uno de sus hijos. A cada uno, aquel con el que mejor lo identifique. Y creo que esto es así.
Así que por mucho que doctos en la materia nos digan tenemos que cambiar los miles de roles de género estereotipados, que muchas veces tantísimo nos molestan, nosotros, todos y todas, seguimos perpetuándolos, una y otra, y otra, y otra, y otra....... vez.

Es más, en mi opinión se ha producido una asimilación por parte de las mujeres de aquel universo tradicionalmente masculino que se relaciona con el mundo del deporte de competición. De este modo las mujeres han incorporado a sus expectativas de fin de semana el hecho de ver fútbol, carreras de moto, o de coches. Y este hecho por sí mismo seguro que denota un sentido de decisión libre, pero seguro que también denota un cierto comportamiento sumiso al plantearse las mujeres que o se apuntaban al triste mundo del paseo dominical con el aparato de radio enganchado en la oreja, o todas juntas; de una vez por todas, mandaban a cagar a la vía a los hombres y se iban todas a una isla desierta sin tíos.

Y cambiaría de opinión sobre este sentido de sumisión pacificante de las mujeres versus machitos, cuando un hombre me invite a una reunión “Tupperware”, lo cual, ni esta ni ninguna otra cosa, ha incorporado de manera satisfactoria el hombre a su aburrido espacio mental.

Digamos que las mujeres han pensado que o vences a tu enemigo, o te unes a él. Exigir un cambio en la mentalidad masculina es imposible. Los hombres tenemos una sola neurona saturada al 100 % conteniendo esfínteres. Así que no se nos puede pedir más. Bastante tenemos con no cagarnos encima.

Y esto, y no la otra cosa que se interpretó como un signo de sexismo minusvalorador de las mujeres, es lo que pretendía decir hace unos días.